Cuando la mayoría de las personas escucha la palabra medicina, imagina lo mismo: una carrera larga y de mucho esfuerzo, doctores, hospitales, clínicas, farmacias, remedios y cirugías. Esas cosas existen gracias al desarrollo de la ciencia que el ser humano, un animal inteligentísimo, ha sido capaz de lograr para facilitarnos la vida y colaborar con la supervivencia de la especie. Algunos hallazgos, evoluciones y nuevas tecnologías son fascinantes y necesarios. Otros... no tanto.
La medicina, bajo ese concepto tradicional, se ha vuelto, en muchas situaciones, despersonalizada y automatizada. Los “pacientes” se han transformado en simples números, como si todos los cuerpos fueran iguales, todos los casos y contextos exactos. Todo ocurre demasiado rápido, demasiado impersonal.
Lo cierto es que cada cuerpo es un mundo entero por conocer y descubrir. Cada historia es única. Cada caso, diferente. Urge adentrarnos en el autoconocimiento de nosotros mismos para tomar las riendas de nuestra propia sanación, entender con profundidad y certeza qué nos ocurre, y recetarnos nuestros propios remedios y soluciones.
Con esto no quiero decir que la medicina tradicional sea innecesaria, al contrario. Es totalmente útil en muchos aspectos: antibióticos, vacunas, cirugías de emergencia, escáneres… Pero es importante usarla como complemento, sabiendo que nadie nos conoce mejor que nosotros mismos, en el sentido de saber a quién recurrir, y qué usar y cuándo.
Mientras más me conozca a mí misma, a mí mismo, mejor sabré qué hacer con las cosas que me aquejan. Mejor sabré auto-diagnosticarme. Y mejores decisiones tomaré para mi salud, en esta sociedad en la que estamos inmersos.
EL CUERPO COMO PORTAL
Existe algo que la práctica somática y las tradiciones ancestrales saben desde hace siglos: el cuerpo es el acceso más directo al autoconocimiento. Es la puerta de entrada a la profundidad que nos habita.
Cuando llevas la atención al cuerpo (a las sensaciones, los sentidos, el peso, la respiración, los impulsos de movimiento), puedes conectar con sensaciones en un nivel más profundo, a veces tan sutil que ningún análisis externo o de alguien que no te conoce realmente puede rebatir.
PROFUNDIZAR EN EL AUTOCONOCIMIENTO
Hay una gran diferencia entre estar en el cuerpo, y ser el cuerpo. Puedes bailar, cocinar, cantar, conversar, trabajar… Pero ¿eres el cuerpo?
Cuando llevas la atención hacia adentro (lo que sientes en los hombros, la manera en que tus pies te sostienen en el piso, la posición de tu columna, la emoción que sientes al escuchar la música), algo se transforma. Mente y cuerpo se vuelven uno. Dejas de ser sólo lo que piensas, para volverte todo tu cuerpo. Y ser todo tu cuerpo es una de las prácticas meditativas más poderosas que puedes hacer.
En Mandakini eso nos inspira. La música no sólo decora las clases, es la guía de todo un viaje de auto-exploración. El movimiento y el ejercicio no se tratan sólo de fitness (¡si bien claro que nos importa entrenar!), sino que son una relación que se entabla con todo el cuerpo. Buscamos en cada clase combinar momentos de alta intensidad física con momentos de silencio interior -y ambos son meditación, dependiendo de donde pongas tu atención.
ATREVERNOS A DAR EL PASO
Si eres alguien que después de haber sufrido dolencias corporales (físicas o psicológicas), ha logrado descubrir el diagnóstico o la causa, y así el camino que mejor se adecúa a tu caso particular para alcanzar una solución o sanación, habrás experimentado por ti misma, por ti mismo, la dicha del autoconocimiento.
Si, por el contrario, esto es nuevo para ti, te invitamos a practicarlo.
El movimiento consciente y la auto-observación sin juicio es, para muchos de nosotros, una puerta de entrada a experiencias místicas y reveladoras. Nos abrimos a un sinfín de posibilidades. Lo que antes parecía imposible, se vuelve real.
Aprovechemos la ciencia con todas sus bondades. ¡Sin duda hay que agradecer, y recurrir cuando sea necesario, a las herramientas que el desarrollo y la tecnología creadas por el ser humano nos han entregado! Pero no debemos olvidar que dentro de nosotros existe una sabiduría que no viene de la opinión ni observación de otros, sino que de nuestra propia y única experiencia corporal.
Nosotros sabemos cuál es el camino que más nos conviene.
El autoconocimiento, al final, también es medicina.
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Pronto les compartiremos algunas de nuestras meditaciones favoritas... ¡Bienvenidos al viaje!